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He emptied his pockets on to the table. Vació los bolsillos sobre la mesa. And putting on his stiff collar and rebellious tie he spoke to them, chiding them, and to his dangling watchchain. His hands plunged and rummaged in his trunk while he called for a clean handkerchief. I want puce gloves and green boots. A limp black missile flew out of his talking hands.

Dios, simplemente tendremos que representar el papel. Quiero unos guantes buriel y unas botas verdes. Un proyectil negro y lacio salió disparado de las manos que hablaban.

Stephen picked it up and put it on. Haines called to them from the doorway:. Stephen lo recogió y se lo puso. Haines los llamó desde la entrada: You have eaten all we left, I suppose.

Resigned he passed out with grave words and gait, saying, wellnigh with sorrow:. Resignado, salió afuera con graves palabras y porte, diciendo casi con pesadumbre: Stephen, taking his ashplant from its leaningplace, followed them out and, as they went down the ladder, pulled to the slow iron door and locked it. He put the huge key in his inner pocket. Stephen, cogiendo la vara de fresno del apoyadero, les siguió hasta fuera y, mientras ellos bajaban por la escalerilla, tiró del pesado portón de hierro y lo cerró con la llave.

Se guardó la enorme llave en el bolsillo interior. At the foot of the ladder Buck Mulligan asked:. Al pie de la escalerilla preguntó Buck Mulligan: Behind him he heard Buck Mulligan club with his heavy bathtowel the leader shoots of ferns or grasses.

Tras él oyó a Buck Mulligan que golpeaba con la gruesa toalla de baño los altos tallos de los helechos o las hierbas. How dare you, sir! Al ministro de la guerra, añadió Stephen por encima del hombro. They halted while Haines surveyed the tower and said at last:. Se detuvieron mientras Haines examinaba la torre y decía al fin: But ours is the omphalos.

Pero la nuestra es el omphalos. Wait till I have a few pints in me first. Espera a que me haya metido unas cuantas cervezas primero. He turned to Stephen, saying, as he pulled down neatly the peaks of his primrose waistcoat:. Se volvió a Stephen, diciendo, mientras se estiraba meticulosamente las puntas de su chaleco lila: We have grown out of Wilde and paradoxes. Hemos superado a Wilde y las paradojas. Japhet in search of a father! And it is rather long to tell. Buck Mulligan, walking forward again, raised his hands.

Buck Mulligan, avanzando de nuevo, alzó las manos. In the bright silent instant Stephen saw his own image in cheap dusty mourning between their gay attires. Buck Mulligan se volvió repentinamente por un instante hacia Stephen pero no habló.

En ese instante silente e iluminador Stephen se vio a sí mismo con su barata y mugrienta indumentaria de luto entre los alegres atuendos de ellos. Eyes, pale as the sea the wind had freshened, paler, firm and prudent. Soberano de los mares, extendió la vista al sur por la bahía, vacía salvo por el penacho de humo del barco correo difuso en el horizonte brillante y por una vela cambiante cerca de los Muglins.

The Father and the Son idea. The Son striving to be atoned with the Father. La idea del Padre y del Hijo. El Hijo intentando reconciliarse con el Padre. Buck Mulligan at once put on a blithe broadly smiling face. He looked at them, his wellshaped mouth open happily, his eyes, from which he had suddenly withdrawn all shrewd sense, blinking with mad gaiety.

Buck Mulligan en seguida puso una cara despreocupada de amplia sonrisa. Los miró, la boca bien perfilada abierta felizmente, los ojos, de los que había borrado repentinamente todo rastro de sagacidad, parpadeando locos de contento.

With Joseph the joiner I cannot agree. Con José el fijador bien no me llevo. Por los discípulos y el Calvario brindemos. He held up a forefinger of warning. Levantó un índice en señal de aviso: Dio un tirón velozmente de la vara de fresno de Stephen a modo de despedida y, corriendo hacia una proyección en el acantilado, aleteando las manos a los costados como si fueran aletas o alas de alguien a punto de levitar, salmodió: Escribid lo que he dicho y contad a todo quisque que resucité de entre los nichos.

Haines, who had been laughing guardedly, walked on beside Stephen and said:. Haines, que se había estado riendo precavidamente, siguió su camino al lado de Stephen y dijo: No es que yo sea creyente, tengo que decir. I mean, a believer in the narrow sense of the word. Creation from nothing and miracles and a personal God. La creación de la nada y milagros y un Dios personal.

Haines stopped to take out a smooth silver case in which twinkled a green stone. He sprang it open with his thumb and offered it. Haines se paró y sacó una pitillera plana de plata en la que cintilaba una piedra verde. La abrió de golpe con el pulgar y la ofreció. Haines helped himself and snapped the case to. He put it back in his sidepocket and took from his waistcoatpocket a nickel tinderbox, sprang it open too, and, having lit his cigarette, held the flaming spunk towards Stephen in the shell of his hands.

Haines tomó uno y cerró la pitillera con un chasquido. La volvió a guardar en el bolsillo lateral y sacó del bolsillo del chaleco un yesquero de níquel, lo abrió de golpe también y, una vez encendido su cigarrillo, ofreció la yesca encendida a Stephen en el hueco de las manos.

He walked on, waiting to be spoken to, trailing his ashplant by his side. Its ferrule followed lightly on the path, squealign at his heels. My familiar, after me, calling, Steeeeeeeeeeeephen! A wavering line along the path. They will walk on it tonight, coming here in the dark.

He wants that key. I paid the rent. Now I eat his salt bread. Give him the key too. He will ask for it. That was in his eyes. Prosiguió andando, esperando que le volvieran a hablar, tirando de la vara de fresno a su lado. El regatón le seguía ligeramente por el sendero, rechinando a sus talones.

Una raya vacilante en el sendero. Él quiere esa llave. Yo pagué el alquiler. Ahora como su pan. Dale la llave también. Se le notaba en los ojos. Stephen turned and saw that the cold gaze which had measured him was not all unkind. Stephen se volvió y vio que la mirada fría que lo midiera de arriba abajo no era del todo desagradable.

You are your own master, it seems to me. Uno es su propio dueño, me parece a mí. A crazy queen, old and jealous. Kneel down before me. Una reina loca, vieja y celosa. Haines detached from his underlip some fibres of tobacco before he spoke. Haines se quitó del labio inferior unas hebras de tabaco antes de hablar.

An Irishman must think like that, I daresay. We feel in England that we have treated you rather unfairly. It seems history is to blame.

Un irlandés tiene que pensar así, debo decir. Parece ser que la historia tiene la culpa. Symbol of the apostles in the mass for pope Marcellus, the voices blended, singing alone loud in affirmation: A horde of heresies fleeing with mitres awry: Words Mulligan had spoken a moment since in mockery to the stranger.

The void awaits surely all them that weave the wind: Los orgullosos y potentes títulos tañeron en la memoria de Stephen el triunfo del bronce estridente: Símbolo de los apóstoles en la misa por el papa Marcelo, las voces en armonía, cantando al unísono, fuerte, afirmando: Una horda de herejías en desbandada con las mitras al sesgo: Fotino y la camada de farsantes entre los que se encontraba Mulligan, y Arrio, luchando de por vida a causa de la consustancialidad del Hijo con el Padre, y Valentín, profanando el cuerpo terrenal de Cristo, y el sutil heresiarca africano Sabelio que mantenía que el Padre era Él mismo Su propio Hijo.

Palabras que Mulligan había pronunciado momentos antes en pura farsa ante el extraño. El vacío aguarda ciertamente a todos aquellos que urden patrañas: No quisiera tampoco ver a mi país en manos de judíos alemanes. Ése es nuestro problema nacional, me temo, en estos momentos. Two men stood at the verge of the cliff, watching: Había dos hombres de pie al borde del acantilado, observando: The boatman nodded towards the north of the bay with some disdain.

El barquero señaló con la cabeza hacia el norte de la bahía con algo de desdén. Hoy hace nueve días. The man that was drowned. A sail veering about the blank bay waiting for a swollen bundle to bob up, roll over to the sun a puffy face, saltwhite.

El hombre que se ahogó. Una vela que vira en la bahía solitaria esperando que un henchido fardo surja, que vuelva hacia el sol una cara tumefacta, blanca de sal.

They followed the winding path down to the creek. Buck Mulligan stood on a stone, in shirtsleeves, his unclipped tie rippling over his shoulder. A young man clinging to a spur of rock near him, moved slowly frogwise his green legs in the deep jelly of the water. Siguieron el sinuoso sendero que descendía hasta la ensenada.

Buck Mulligan de pie sobre una piedra, en mangas de camisa, con la corbata suelta ondeando por encima del hombro. Says he found a sweet young thing down there. Photo girl he calls her. Dice que ha encontrado una linda jovencita allí. La chica de fotos la llama. Buck Mulligan sat down to unlace his boots. An elderly man shot up near the spur of rock a blowing red face.

He scrambled up by the stones, water glistening on his pate and on its garland of grey hair, water rilling over his chest and paunch and spilling jets out of his black sagging loincloth. Buck Mulligan se sentó y se desató las botas. Un hombre mayor sacó de repente cerca del saliente rocoso una cara colorada y jadeante.

Trepó con esfuerzo por las piedras, el agua resplandeciéndole en la mollera y en su guirlanda de cabellos grises, el agua escurriéndole por el pecho y la panza y cayéndole a chorros de las negras calzonas colganderas.

Buck Mulligan made way for him to scramble past and, glancing at Haines and Stephen, crossed himself piously with his thumbnail at brow and lips and breastbone. Buck Mulligan se apartó para que trepara y pasara y, mirando a Haines y a Stephen, se persigno piadosamente con la uña del pulgar en la frente, en los labios y en el esternón.

Chucked medicine and going in for the army. Ha plantado la medicina y se va al ejército. The father is rotto with money. He nodded to himself as he drew off his trousers and stood up, saying tritely:. Asintió con la cabeza para sí mientras se quitaba los pantalones y se ponía de pie, repitiendo el dicho vulgar: He broke off in alarm, feeling his side under his flapping shirt. Se interrumpió alarmado, y se palpaba el costado bajo la camisa que se agitaba con el viento.

Toothless Kinch and I, the supermen. Kinch el desdentado y yo, los superhombres. He struggled out of his shirt and flung it behind him to where his clothes lay. Make room in the bed. Haz sitio en la cama. The young man shoved himself backward through the water and reached the middle of the creek in two long clean strokes. Haines sat down on a stone, smoking. El joven dio un impulso para dentro en el agua y llegó al centro de la ensenada en dos largas y limpias brazadas.

Haines se sentó en una piedra, fumando. Not on my breakfast. No con el desayuno en la boca. Stephen se volvió dispuesto a marcharse. Stephen handed him the key. Buck Mulligan laid it across his heaped clothes. Stephen le alargó la llave. Buck Mulligan la puso sobre el montón de ropa. Stephen threw two pennies on the soft heap. Buck Mulligan erect, with joined hands before him, said solemnly:. Stephen tiró dos peniques en el blando montón.

Buck Mulligan erguido, con las manos juntas delante, dijo solemnemente: His plump body plunged. Su cuerpo orondo se zambulló. Horn of a bull, hoof of a horse, smile of a Saxon. Cuerno de toro, casco de caballo, sonrisa de sajón. He walked along the upwardcurving path.

Caminó por el sendero que ascendía ondulante. I will not sleep here tonight. Home also I cannot go.. El nimbo gris del sacerdote en un hueco donde se vestía discretamente. No dormiré aquí esta noche. A casa tampoco puedo ir. A voice, sweettoned and sustained, called to him from the sea. Turning the curve he waved his hand. Una voz de tono dulce y prolongada le llamó desde el mar.

Al doblar la curva dijo adiós con la mano. La cara en blanco del chico preguntó a la ventana en blanco. Fabled by the daughters of memory.

And yet it was in some way if not as memory fabled it. I hear the ruin of all space, shattered glass and toppling masonry, and time one livid final flame. Fabulada por las hijas de la memoria.

Y, sin embargo, fue de alguna manera, si no tal como la memoria lo fabulara. Una frase, pues, de impaciencia, ruido sordo de alas de exuberancia de Blake. Oigo la devastación del espacio, cristal destrozado y desplome de mampostería, y el tiempo una lívida flama final. En el año a. Another victory like that and we are done for.

Otra victoria como ésay estamos perdidos. That phrase the world had remembered. A dull ease of the mind. From a hill above a corpsestrewn plain a general speaking to his officers, leaned upon his spear.

Any general to any officers. Esa frase el mundo la había recordado. Obtusa seguridad de conciencia. Cualquier general a cualquier grupo de oficiales. Ellos le prestan atención. Ask me, sir, Comyn said. He curled them between his palms at whiles and swallowed them softly.

Crumbs adhered to the tissue of his lips. Welloff people, proud that their eldest son was in the navy. Un cartucho de panecillos de higos se encontraba bien guardado en la cartera de Armstrong. Los enrollaba entre las palmas a ratos y los tragaba suavemente.

Migajas pegadas en el rojo de sus labios. Aliento dulzón de niño. Gente bien, orgullosa de tener al hijo mayor en la marina. Mirthless high malicious laughter. Armstrong looked round at his classmates, silly glee in profile. In a moment they will laugh more loudly, aware of my lack of rule and of the fees their papas pay. A thing out in the water. A kind of a bridge. Me pirro por el espigón de Kingstown, señor. Two in the back bench whispered. With envy he watched their faces: Edith, Ethel, Gerty, Lily.

Algunos rieron otra vez; tristemente, pero con intención. Con envidia observó las caras: Yes, a disappointed bridge. Sí, un puente frustrado. The words troubled their gaze. Las palabras turbaron sus miradas. A bridge is across a river. No-one here to hear. Tonight deftly amid wild drink and talk, to pierce the polished mail of his mind. For them too history was a tale like any other too often heard, their land a pawnshop.

Para el libro de dichos de Haines. Nadie aquí para oírlo. Esta noche diestramente en la algarabía de copas y voces, horadar la pulida malla de su mente. También para ellos la historia era un cuento como cualquier otro oído demasiado a menudo, su tierra una casa de empeños. They are not to be thought away. Time has branded them and fettered they are lodged in the room of the infinite possibilities they have ousted. De no haber caído Pirro a manos de una buscona en Argos o no haber sido julio César apuñalado de muerte.

No deben desterrarse del pensamiento. El tiempo los ha marcado y encadenados se alojan en la habitación de las posibilidades infinitas que ellos han desplazado. Un cuento de fantasmas. A swarthy boy opened a book and propped it nimbly under the breastwork of his satchel. He recited jerks of verse with odd glances at the text: Un chico moreno abrió un libro y lo reclinó resueltamente contra la solapa de la cartera.

Recitó ristras de versos echando ojeadas furtivas al texto: It must be a movement then, an actuality of the possible as possible. By his elbow a delicate Siamese conned a handbook of strategy. Fed and feeding brains about me: Thought is the thought of thought.

The soul is in a manner all that is: Tranquility sudden, vast, candescent: Debe ser un movimiento pues, una actualización de lo posible como posible. A su lado, un delicado siamés memorizaba un manual de estrategia. Pensar es el pensar del pensar. El alma es de alguna manera todo lo que es: Sosiego repentino, vasto, candente: His hand turned the page over.

He leaned back and went on again, having just remembered. Of him that walked the waves. It lies upon their eager faces who offered him a coin of the tribute.

Riddle me, riddle me, randy ro. My father gave me seeds to sow. De aquel que caminó sobre las olas. Aquí también en estos corazones miserables se posa su sombra y en el corazón y los labios del burlón y en los míos. Se posa en las caras ansiosas de quienes le ofrecieron una moneda de tributo.

A César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Una mirada larga de ojos oscuros, una frase indescifrable para tejer y entretejer en los telares de la iglesia. Acertijo, acertijo, intenta acertar. Mi padre me dio semillas para sembrar. Talbot slid his closed book into his satchel. Talbot deslizó el libro cerrado dentro de la cartera. Hockey at ten, sir. Hockey a las diez, señor. They bundled their books away, pencils clacking, pages rustling.

Crowding together they strapped and buckled their satchels, all gabbling gaily: The cock crew, The sky was blue: The bells in heaven Were striking eleven.

Este es el acertijo, dijo Stephen: No lo hemos oído. Their eyes grew bigger as the lines were repeated. After a silence Cochrane said: Después de un silencio dijo Cochrane: Stephen, his throat itching, answered: He stood up and gave a shout of nervous laughter to which their cries echoed dismay.

Se levantó y soltó una carcajada nerviosa a la cual le hicieron eco las voces descorazonadas de los niños. A stick struck the door and a voice in the corridor called: Un palo pegó en la puerta y en el corredor una voz llamaba: They broke asunder, sidling out of their benches, leaping them.

Quickly they were gone and from the lumberroom came the rattle of sticks and clamour of their boots and tongues. Apresuradamente desaparecieron y del trastero llegó el traqueteo de los palos y el ruido confuso de botas y voces. Sargent who alone had lingered came forward slowly, showing an open copybook.

His thick hair and scraggy neck gave witness of unreadiness and through his misty glasses weak eyes looked up pleading. El cabello recio y el cuello canijo evidenciaban su endeblez y a través de sus gafas empañadas unos ojos inseguros miraban suplicantes. He held out his copybook. The word Sums was written on the headline. Beneath were sloping figures and at the foot a crooked signature with blind loops and a blot. La palabra Aritmética estaba escrita en la cabecera.

Debajo había cifras tambaleantes y al pie una firma torcida con círculos floreados y un borrón. Deasy me dijo que los volviera a hacer de nuevo, dijo, y que se los enseñara a usted, señor. Stephen touched the edges of the book. Stephen tocó los bordes del libro. Mr Deasy said I was to copy them off the board, sir.

Deasy dijo que los debía copiar de la pizarra, señor. Yet someone had loved him, borne him in her arms and in her heart. But for her the race of the world would have trampled him underfoot, a squashed boneless snail. She had loved his weak watery blood drained from her own. She was no more: She had saved him from being trampled underfoot and had gone, scarcely having been.

A poor soul gone to heaven: Y sin embargo alguien lo había amado, llevado en brazos y en el corazón. De no haber sido por ella, la raza humana lo hubiera pisoteado, como caracol aplastado sin cascarón. Ella había amado su débil sangre acuosa drenada de la suya. Ella lo había salvado de ser pisoteado y se había ido, sin apenas haber existido. Una pobre alma que ascendió a las alturas: Sitting at his side Stephen solved out the problem.

Sargent peered askance through his slanted glasses. Hockeysticks rattled in the lumberroom: Sentado a su lado, Stephen resolvía el problema. Sargent miraba de reojo a través de sus gafas caídas. Los palos de hockey traqueteaban en el trastero: Across the page the symbols moved in grave morrice, in the mummery of their letters, wearing quaint caps of squares and cubes. Give hands, traverse, bow to partner: Gone too from the world, Averroes and Moses Maimonides, dark men in mien and movement, flashing in their mocking mirrors the obscure soul of the world, a darkness shining in brightness which brightness could not comprehend.

Daos las manos, cruzaos, saludad a la pareja: Se han ido también del mundo, Averroes y Moisés Maimonides, hombres oscuros de semblante y ademanes, difundiendo desde sus espejos burlones el alma turbia del mundo, oscuridad brillando en la claridad que la claridad no podía comprender.

In long shaky strokes Sargent copied the data. Waiting always for a word of help his hand moved faithfully the unsteady symbols, a faint hue of shame flickering behind his dull skin.

With her weak blood and wheysour milk she had fed him and hid from sight of others his swaddling bands. Con grandes y agitados trazos Sargent copió los datos. Con su sangre débil y leche seroagria le había alimentado y escondido de la vista de otros sus pañales. Like him was I, these sloping shoulders, this gracelessness.

My childhood bends beside me. Too far for me to lay a hand there once or lightly. Mine is far and his secret as our eyes. Secrets, silent, stony sit in the dark palaces of both our hearts: Como él era yo, los hombros caídos, sin atractivo.

Mi niñez se inclina a mi lado. Demasiado lejana para poder encontrarla ni una vez ni ligeramente. Enigmas, silenciosos, pétreos se aposentan en los oscuros palacios de nuestros dos corazones: The sum was done. La operación aritmética estaba hecha. He dried the page with a sheet of thin blottingpaper and carried his copybook back to his bench.

In the corridor his name was heard, called from the playfield. En el corredor se oyó su nombre, que lo llamaban desde la cancha. Mr Deasy is calling you. He stood in the porch and watched the laggard hurry towards the scrappy field where sharp voices were in strife. They were sorted in teams and Mr Deasy came away stepping over wisps of grass with gaitered feet.

When he had reached the schoolhouse voices again contending called to him. He turned his angry white moustache. De pie en el soportal contempló al rezagado que aligeraba hacia el reducido campo donde voces agudas se enfrentaban. Los dividieron en equipos y Mr.

Deasy se vino pisando matas de hierba con pies abotinados. Cuando hubo llegado al edificio del colegio de nuevo voces en altercado le llamaron. Volvió el enfadado bigote blanco. Deasy, hasta que ponga orden aquí. Las voces agudas gritaban a su alrededor por todos lados: Stale smoky air hung in the study with the smell of drab abraded leather of its chairs.

As on the first day he bargained with me here. As it was in the beginning, is now. On the sideboard the tray of Stuart coins, base treasure of a bog: And snug in their spooncase of purple plush, faded, the twelve apostles having preached to all the gentiles: Un aire rancio de humo flotaba en el despacho junto con el olor de cuero usado y rozado de las sillas.

Como en el primer día que regateó conmigo aquí. Como era en un principio, ahora. Sobre el aparador la bandeja de monedas Estuardo, tesoro vil de un tremedal: A hasty step over the stone porch and in the corridor.

Blowing out his rare moustache Mr Deasy halted at the table. Pasos precipitados en el soportal de piedra y en el corredor. Deasy se detuvo junto a la mesa. He brought out of his coat a pocketbook bound by a leather thong.

It slapped open and he took from it two notes, one of joined halves, and laid them carefully on the table. Sacó de la americana una cartera sujeta con una correa de cuero.

Se abrió bien abierta y sacó dos billetes, uno pegado por la mitad, y los colocó cuidadosamente en la mesa. And now his strongroom for the gold. Y ahora la caja fuerte para el oro. La mano azarada de Stephen se movió por las conchas apiladas en el frío mortero de piedra: Riqueza acaparada por un viejo peregrino, tesoro muerto, conchas vacías. A sovereign fell, bright and new, on the soft pile of the tablecloth.

Un soberano cayó, nuevo y brillante, en la suave pelusa del tapete. These are handy things to have. This is for sovereigns. This is for shillings. Esto para los chelines.

Los seis peniques, las medias coronas. Y aquí las coronas. Sacó de la misma dos coronas y dos chelines. You have earned it. Usted se lo ha ganado.

Symbols too of beauty and of power. A lump in my pocket: La mano de Stephen, de nuevo libre, volvió a las conchas vacías. Símbolos también de belleza y poder. Un fajo en mi bolsillo: You just buy one of these machines. Cómprese uno de estos aparatos. The same room and hour, the same wisdom: Three nooses round me here. La misma habitación y hora, la misma sabiduría: Tres veces con ésta.

Tres lazos que me atan aquí. When you have lived as long as I have. I know, I know. If youth but knew. Deasy, señalando con el dedo. Cuando haya vivido tanto tiempo como yo.

Lo sé, lo sé. Si al menos la juventud lo supiera. Levantó los ojos de las inertes conchas a la mirada atenta del viejo. A poet, yes, but an Englishman too. Un poeta, sí, pero inglés también. His seacold eyes looked on the empty bay: Soberano de los mares.

Sus ojos fríos como el mar miraron la bahía vacía: A French Celt said that. He tapped his savingsbox against his thumbnail. Eso no es inglés. Un celta francés lo dijo. Tabaleó la caja de caudales con la uña del pulgar. I paid my way. Nadie me ha regalado nada. Good man, good man. Buen hombre, buen hombre. I never borrowed a shilling in my life. Fred Ryan, two shillings. The lump I have is useless.

Mulligan, nueve libras, tres pares de calcetines, un par de botos, corbatas. Fred Ryan, dos chelines. MacKernan, la comida de cinco semanas. El fajo que tengo no vale para nada. Mr Deasy laughed with rich delight, putting back his savingsbox. Deasy rió muy complacido, mientras colocaba en su sitio el portamonedas. But one day you must feel it. We are a generous people but we must also be just. Somos gente generosa pero también debemos ser justos.

Mr Deasy stared sternly for some moments over the mantelpiece at the shapely bulk of a man in tartan filibegs: Albert Edward, prince of Wales. Albert Edward, príncipe de Gales. Recuerdo la hambruna del Glorious, pious and immortal memory. The lodge of Diamond in Armagh the splendid behung with corpses of papishes. The black north and true blue bible. Gloriosa, pía e inmortal memoria. Roncos, enmascarados y armados, el pacto de los colonos.

El negro norte y la Biblia azul verdadera. Stephen sketched a brief gesture. Stephen perfiló un breve gesto. On the spindle side. But I am descended from sir John Blackwood who voted for the union.

Por parte del huso. Pero desciendo de Sir John Blackwood que votó a favor de la unión. Somos todos irlandeses, todos hijos de reyes. He voted for it and put on his topboots to ride to Dublin from the Ards of Down to do so. Lal the ral the ra The rocky road to Dublin. Deasy firmemente, era su lema. Votó a favor y se calzó las botas de montar para cabalgar hasta Dublín desde Ards of Down y hacerlo.

A gruff squire on horseback with shiny topboots. Soft day, sir John! Soft day, your honour! Two topboots jog dangling on to Dublin. Lal the ral the ra. Lal the ral the raddy. Un tosco caballero a caballo con lustrosas botas de montar. Dos botas de montar a paso de portantillo hacia Dublín. You can do me a favour, Mr Dedalus, with some of your literary friends. I have a letter here for the press. Sit down a moment. I have just to copy the end. Me puede usted hacer un favor, Mr. Dedalus, con algunos de sus amigos literarios.

Tengo aquí una carta para la prensa. Sólo me queda copiar el final. He went to the desk near the window, pulled in his chair twice and read off some words from the sheet on the drum of his typewriter. Excuse me, he said over his shoulder, the dictates of common sense.

He peered from under his shaggy brows at the manuscript by his elbow and, muttering, began to prod the stiff buttons of the keyboard slowly, sometimes blowing as he screwed up the drum to erase an error.

Stephen seated himself noiselessly before the princely presence. Framed around the walls images of vanished horses stood in homage, their meek heads poised in air: Elfin riders sat them, watchful of a sign. Stephen se sentó silenciosamente ante la personalidad principesca. Jinetes duendecillos los montaban, atentos a una señal.

Vio sus marcas de velocidad, defendiendo los colores reales, y gritó con los gritos de muchedumbres desaparecidas. But prompt ventilation of this allimportant question Deasy a las teclas. Pero una pronta conclusión a esta cuestión de suma importancia Where Cranly led me to get rich quick, hunting his winners among the mudsplashed brakes, amid the bawls of bookies on their pitches and reek of the canteen, over the motley slush.

Even money the favourite: Adonde Cranly me llevó para enriquecer de pronto, a la caza de ganadores entre las vagonetas embarradas, en medio del vocerío de los corredores de apuestas en sus puestos y de las emanaciones de la cantina, por el lodo multicolor.

A la par el favorito: Gritos penetrantes resonaron en la cancha de los niños y un silbante silbato. I am among them, among their battling bodies in a medley, the joust of life. Time shocked rebounds, shock by shock. Estoy entre ellos, entre sus cuerpos enzarzados en confuso enfrentamiento, la justa de la vida.

El tiempo golpeado rebota, golpe a golpe. Justas, lodazal y el estruendo de batallas, el gélido vómito de muerte de los masacrados, un alarido de lanzadas espetadas con entrañas ensangrentadas de hombres.

He came to the table, pinning together his sheets. Se acercó a la mesa, prendiendo las hojas con una pinza. Just look through it. There can be no two opinions on the matter. No veo la hora de volver a veros Dale recuerdos a tu madre, a Paolo y a Andrea, y felicítales el año nuevo Ahora tengo que dejarte.

Pasado mañana nos veremos en Cortina. Frente a la valoración del año que terminaba y las esperanzas puestas en el año que empezaba todos se aplacaban. Se sentaban y escuchaban. Los fuegos artificiales también se habían atenuado, y sólo Michele Irodini seguía impertérrito lanzando bengalas desde su balcón.

Su padre y su abuelo, sentados a la mesa, comían salchichón e insultaban al presidente. También se comentaba el color de su corbata, que se daba de tortas con la chaqueta. Cómo podía decir ese mentecato que los italianos estaban arrimando el hombro para ayudar a los países subdesarrollados. Giulia Giovannini, después de limpiar el suelo del comedor, se había vestido por fin y preparaba la sopa de nochevieja.

Filomena Belpedio trataba de seguir al presidente, pero no lo lograba. Le costaba mantenerlos abiertos, y la cabeza se le caía sobre el pecho. El general Rispoli y su mujer, dos setentones que vivían en el primer piso del edificio Capri, estaban en la cama, y sorbían como de costumbre su puré de verdura. Estaban viendo en Rete Oro una película en blanco y negro con Amedeo Nazzari. A Ossadipesce le volvían loco las flores de calabacín fritas.

Estaba sentado a la mesa en compañía de todos esos porteros, y no podía parar de tragar. La señora Carucci, la madre de Cristiano, las había frito en cantidades industriales. Dijo que no se sentía bien. Yo no le entiendo, es tan solitario.

Y le convences de que venga aquí con nosotros. Con esos morros sensuales. De joven tenía que haber sido una guarrota de cuidado. Saciada el hambre de porro con esa delicia, se levantó de la mesa, saludó a todos los porteros que estaban viendo al presidente por la tele y con el plato de flores de calabacín en la mano llamó a la puerta de su amigo. Cristiano todavía estaba en pijama, tumbado en la cama, y tenía un pequeño televisor entre las piernas.

Peor que en Navidad. Siempre me pilla así, durante las fiestas. Ossadipesce se quitó la mochila Invicta naranja. La puso bajo las narices de su amigo. Si me lío un porro me entra una ansiedad tremenda. Empiezo a pensar en todo lo que tengo que hacer y Con esto se podría volar un edificio de diez pisos. Tenemos que hacerla estallar a medianoche. Quiero que suelte un pedo de los que hacen época. No hagas el canelo. Imagínate que te explota en la mano Y ahora vístete, que mientras tanto te preparo un buen canuto reconstituyente.

Esta noche tenemos trabajo. Aquella mañana por fin había terminado de escribir un documento absolutamente fundamental. Un informe sobre la situación y el desarrollo de la pequeña y mediana empresa en la baja Ciociaria.

Llevaba seis meses trabajando en ello. Un informe que seguramente, al año siguiente, llegaría hasta la dirección del IRI. Serían sus modales tranquilos pero al mismo tiempo seguros, lo que hacía que las mujeres se le pegaran como lapas.

Ya la echaba de menos. Ese encuentro furtivo le había sentado muy bien. Le había cargado las pilas. Ahora tenía energía suficiente para afrontar toda la velada, incluyendo la fiesta y la farsa de amor con Giulia.

Había llegado el momento de reflexionar un poco. Acerca de todas esas mujeres. Y sobre todo, había llegado el momento de planear sus próximas estrategias sentimentales.

Decirle que ya no podía estar con ella. Decirle que tenía una relación con su mejor amiga. Giulia ha llegado a tenerle un apego exagerado a mi persona cada vez que follamos me susurra monótonamente: Tienes que marcharte de una casa cómoda.

Tienes que hacer la mudanza. No era tan bonita como Giulia. Con un cuerpecito anoréxico. No sabía cocinar, tenía menos dinero que Giulia, tenía esos gatazos apestosos, y sin embargo Sin embargo Enzo nunca había conocido a una mujer así. Con un coco privilegiado A la Tamaro y La ciudad de la alegría. Una azafata de GBR. Abrió la puerta de casa enfrascado en ese dilema. Ni siquiera se dio cuenta del olor a alcohol quemado. Se quitó el abrigo, lo colgó del perchero y entró en la cocina.

Todavía llevaba en la mano el maletín. Se la metió en la boca. Pero acabo de terminar el informe anual para el IRI. Un coñazo como no te puedes imaginar Pero son cosas importantes Si no las hago yo Dejo la cartera en el despacho y te echo una mano Esta noche se lo digo.

Después de la fiesta. Que sea lo que sea. Ya no puedo seguir con ella. Cuando Enzo volvió a casa Giulia Giovannini estaba colocando salmón en la fuente. Le vio delante de ella. Con esa cartera en la mano y la corbata desanudada. Esos ojos brillantes de cachorro bueno y agotado por el trabajo, y le odio completa, definitiva y totalmente. Le había dado a ese hombre todo lo que tenía, el amor, la casa, la confianza, y él se había limpiado el culo con ello.

Y la otra noche ese hijo de puta había insistido para que le hiciera una mamada completa y se la había hecho, a pesar de lo que le horrorizaba esa costumbre. La primera de su vida. Se había tragado sus podridos espermatozoides por amor. Con una sonrisa maligna en los labios sacó de la nevera una botella y llenó un vaso.

Luego sacó un frasquito transparente de un cajón. A Roberta Palmieri todo ese barullo de la nochevieja le traía al fresco. En la posición del loto. Estaba descargando el estrés.

Te dan la tabarra en Navidad, en reyes y también en nochevieja. Había sentido por ese joven algo que definía como empatía, fusión, y le había invitado a su casa el día La familia, esas cosas Ven a mi casa.

Siento por ti una fuerte atracción. Podríamos hacer el amor. Durante una estancia en California el santón Rawaldi me enseñó las técnicas para alcanzar los cuatro orgasmos cósmicos. El de agua, el de fuego, el de aire y el de tierra. Roberta terminó la meditación. Se envolvió en un pareo balinés y se puso a preparar una cena a base de leche de cabra, pepinos y feta griega. Puso los cuencos de loza en el centro de la mesita de ébano y encendió dos enormes cirios marroquíes.

Thierry Marchand estaba sentado en el pequeño tablado de la sala de vips del Lupo Mannaro. Le habían vuelto a vestir de la cabeza a los pies. Llevaba puesto un frac azul con lentejuelas. Estaba tocado con una pequeña chistera roja de cartón, sujeta con una goma Estrechaba entre sus brazos a Régine, su arpa. Frente a el había una veintena de mesas preparadas, con velas en el centro. Unas guirnaldas de papel de colores adornaban las paredes y el techo.

Los clientes, también con sombreritos en la cabeza, chillaban, tocaban trompetillas y tiraban confetis. Los camareros con sus uniformes estampados ya habían servido los entremeses.

Veía esos ojos distantes que le observaban y él, a cambio, había plasmado en su boca una sonrisa idiota. Vestido como un payaso. No tengo un amigo, no tengo nada Había partido en junio con su mujer y su hija de tres años de Bunix, una aldea de Bretaña. Los tres en la furgoneta acondicionada para vivir en ella. La idea era recorrer Italia, ahorrar un poco tocando y luego marcharse a la India para quedarse allí. Su mujer, una rubia guapetona de 26 años era una buena madre y él estaba seguro de ser un buen padre.

Thierry tocaba en pequeños locales folk, Annette cuidaba de la pequeña Daphné y los ahorros, el dinero para la India, los guardaban en un bote de mermelada escondido en el motor. Luego Thierry volvió a beber. Por la noche, después de los conciertos, se fundía la paga en los bares. Volvía a la furgoneta borracho perdido, se tumbaba junto a su mujer que dormía con la pequeña en brazos y se quedaba inmóvil mirando el desplazamiento de la luna por la ventanilla sucia. Porque su padre bebía y porque su abuelo bebía y porque todo su pueblo bebía.

Luego, un día, Annette abrió el bote de mermelada y lo encontró vacío. Thierry siguió recorriendo Italia solo, libre ya para destrozarse el hígado a su antojo.

Empezó a tocar en la calle. En las plazas, en los mercados. Por supuesto, de las tres eses. En mi pueblo se dice siempre. En la vida se necesitan las tres eses. Bueno, pues lo diré yo: Gaetano Cozzamara, natural de Nola, tenía 28 años, una nariz aguileña, dos tizones por ojos, una coleta negra, dos hombros bien plantados, y vestía de Caraceni.

Apretón de manos firme. Todo eso le había costado lo suyo. Había tenido que leer, instruirse. Saber quiénes eran Freud, Darwin, Tambelli, Moravia. Había aprendido a reconocer a la gente por el corte del vestido y el color de los calcetines. Gaetano había sido durante tres temporadas un defensa infatigable y agresivo, querido por sus compañeros y los aficionados.

Cuando decidió cambiar de rumbo, marcharse a Roma y mejorar su tren de vida, en el pueblo y el estadio hubo escenas de consternación y dolor. Ahora todo el equipo, incluido el entrenador Aniello Pettinicchio, el masajista Gualtiero Trecchia y tres autocares llenos de hinchas estaban en Roma para jugar el 2 de enero un amistoso con el Casalotti.

Habían llegado antes a propósito, para pasar el fin de año con Gaetano. Tienes que llevarnos por ahí Queremos ver a Alba Parietti. Le explicó que sí, que alguna vez había visto a Castagna, pero que sólo se conocían de vista, y con Alba las cosas ya no iban como antes. Y luego empezó a poner excusas, una tras otra. Esta noche estoy muy ocupado. No puedo, de verdad. Lo siento muchísimo, lo juro. Es una fiesta privada. En casa de una condesa.

Imagínate, van a ir hasta dos ministros. Os llevo por ahí, a ver el coliseo, San Pedro Scaramella, con voz apagada, dijo que lo entendía. Gente de mucho copete. Pero vale, de todas formas. Por si acaso le dejó la dirección donde paraba el equipo: Durante todo el día se sintió un gusano de primera categoría.

Pero tenía mucho que hacer. No podía cargar con ellos. También se iban a divertir un montón sin él. Por la tarde fue a darse un baño de rayos uva y a hacerse la manicura y se olvidó de ellos.

Nunca había estado con la condesa. La verdad es que la conocía desde hacía poco tiempo. Se habían visto en una inauguración, en una galería de arte. Sabia que era muy rica. Se la había presentado Rosetta Interlenghi, una joven viuda que le había introducido en el mundo de la jet. Una cosa tranquila, entre amigos. La condesa no tenía un piso sino una verdadera mansión. Plata para dar y tomar.

Cuando Gaetano volvió a ver a la condesa pudo apreciar que era un verdadero adefesio. Parecía el hombre de Neanderthal vestido de fiesta. Debía de tener por lo menos setenta años. Se había remendado de pies a cabeza. Estirado todo lo estirable. Y enseguida entendió que lo de los cuadros era una simple excusa. Que la vieja quería otra cosa de él. Que la vieja quería empezar el nuevo año a lo grande. Estaba ya achispada y miró a Gaetano como un niño diabético miraría una golosina. Daba vueltas a su alrededor, gataza, con el vaso de gin fizz en la mano.

Ven a sentarte aquí, a mi lado Se pregunto dónde estarían ahora sus paisanos. Después de todo, no habría estado mal pasar la noche con ellos. Este traje te queda que ni pintado. Oye, estaba pensando una cosa. Podríamos ir juntos a Palma por reyes. A un pueblecito encantador de Mallorca. Estamos invitados por el marqués y la marquesa Sergie. Tienen una villa preciosa Conocía a los Sergie. Tenían por lo menos ochenta años. La condesa se llenó enseguida otro, alargó una mano y le apretó el muslo con sus cuatro garras pintadas.

Dentro de poco van a llegar los invitados, condesa Gaetano empezó a trajinar con la cremallera del vestido de Ferragamo que no quería bajar. La condesa se dejaba zarandear a uno y otro lado como un pelele.

Los tres chucho empezaron a jugar con sus pantalones de Caracem. Entonces, después de dejar el cuerpo en la cama y liarse a patadas con los chuchos, Gaetano se vistió a toda prisa. Como si no existiera. Esta noche yo también quiero divertirme. Llamaré enseguida a Scaramella y me reuniré con ellos. Mientras esperaba a que le pasaran con la habitación de Scaramella se le ocurrió una idea genial. Ya me encargo yo de vosotros, chicos.

Os he organizado una fiesta. Es uno de los sitios mas finolis de la ciudad Es una fiesta muy exclusiva. Por la mañana, cuando le llamó, le había encontrado un poco frío y cortante. Casi como si no quisiera volver a ver a sus viejos compañeros y se diera aires de hombre importante. Sí, tenía que llevar la chaqueta cruzada azul marino y la corbata de seda con los colores del club.

Un cuchitril en el límite de lo que un ser humano puede soportar. Los colchones de crin. El tufo del restaurante tunecino de debajo que se colaba en la habitación.

Scaramella se preguntó si podía decírselo también a Trecchia. Era demasiado tosco para una fiesta como esa. Le habían arrancado del terruño. En la vía Cassia. Sólo nos han invitado a nosotros, a los del equipo. Así que ojo, no se lo digas a nadie. Sólo queda esperar a los invitados.

Un cuerpo delgadísimo, con los pechos apenas marcados bajo la camiseta blanca y una rebeca azul marino con botones delante. Dos piernas largas y delgadas de cabra montés. El pelo rubio le caía por los hombros, recogido en dos trenzas. En su naricilla respingona llena de pecas se apoyaban un par de gafas grandes con montura de hierro. Sostenía en la mano una vieja cartera de cuero claro. Esa noche tenía dos citas. Primero con el abogado Rinaldi y luego, hacia las tres, tenía que ir a una orgía lesbiana en la calle Prenestina.

Subió en el ascensor con un grupo de jovenzuelos elegantes. No prestó atención a sus miradas fijas en sus piernas. Le gustaba el abogado Rinaldi. Era un esclavo perfecto con el que podía ejercer completamente su terrible y desmesurado poder de mistress ama. No daba problemas, nunca se rebelaba, se dejaba humillar y castigar. En una palabra, era un pervertido tradicional. Foot fetishist fetichista del pie y aficionado al bondage ataduras.

Mientras tocaba el timbre del despacho decidió que el abogado estaba listo para alcanzar los niveles mas altos y sublimes de la degradación. Ossadipesce se quitó las Reebok, y el ambiente lo acusó. Un olor fuerte y salvaje se expandía libremente por la habitación.

Sé que hay una fiestorra en Genzano, y otra fiesta en una barcaza en el Tíber Debes de tener la sarna, alguna enfermedad infecciosa Ya nos las arreglaremos para colarnos.

Ya estuve en esa barcaza. La otra vez entré trepando por las amarras Unos capullos con chaqueta y corbata y unas presumidas que creen tenerlo chapado en oro. Es mejor pegarse un tiro en la cabeza. No creas que te puedes escabullir. He estado pensando mucho, y he entendido lo de la nochevieja.

Ahora te lo explico Has cogido todo el sitio. Nunca había comido nada tan asqueroso en toda su vida. Y esa tipa debía de estar completamente loca. Davide estaba sentado con las piernas cruzadas sobre una alfombra, junto a una mesa baja, enfrente de la bruja New Age. Estaba loca de atar. Le había soltado un rollo alucinante. Nada de pepino, ni de leche de cabra.

Le habían liado con esa proposición tan explícita. Se tenía que haber dado cuenta entonces de que a ella no le regía bien la azotea. Se le había acercado peligrosamente. Había empezado a acariciarle la espalda y le miraba fijamente. Yo no sabia nada de meditaciones, conciencias Me acabo de acordar de que no le he cambiado la botella de oxígeno a mi madre. Michele Trodini estaba sentado a la mesa con toda su familia.

Ni siquiera oía la conversación familiar. Unos fuegos de colores iluminaban los nubarrones oscuros y cargados de lluvia. Su cabeza ya estaba proyectada hacia la hora H.

Los pequeños cohetes que había clavado junto a los geranios con el abuelo no eran nada comparados con lo que tenía en su cuarto. Se había gastado todo el dinero que le habían regalado el abuelo y sus padres en Navidad para comprarse esos petardos. Cuando yo te lo digo Davide se había vuelto un autómata en su poder. Con la sonrisa clavada en los labios. Tienes ganas de satisfacer a todas las mujeres de la tierra.

Eres un toro semental. Tu cipote se vuelve enorme, desproporcionado Y duro como el cemento. Gualtiero Trecchia cerró con llave la puerta de la habitación y caminó por el largo y triste pasillo de la pensión Italicus. Tres tubos de neón zumbones y crepitantes iluminaban de amarillo las paredes desconchadas y corroídas por la humedad. Se detuvo un momento para mirarse en un alto espejo opaco.

También se había puesto un gel vitalizador en el pelo. Llevaba una chaqueta azul marino que e llegaba a las caderas. Forro de raso negro Unos pantalones grises abombados y estrechos en los tobillos. Mocasines de cuero trenzado y camisa blanca sin cuello. Se lo había prestado todo su cuñado, un hombre de mundo. Tenía un discopub en Acerra.

Sí, tenía buena facha. Se apretó otro agujero el cinturón y se encaminó a las escaleras con paso decidido. Los muchachos le estaban esperando abajo. El que avanzaba era Maurizio Colella, alias el Mastín de Dios, jefe indiscutible de los ultras del Nola. Un verdadero castigo divino. Gualtiero Trecchia decidió seguir adelante. Le saludó con parquedad y pasó de largo, suspirando de alivio.

Pero una manaza gruesa como un chuletón de cerdo se plantó en su hombro y le recordó su responsabilidad. Si te cogía por banda ya no te soltaba. A un hincha del Frosinone le había roto la crisma de un cabezazo. Era una bestia sin corazón. Capaz de cualquier cosa.

El Mastín le había agarrado la mano y se la estaba estrujando. Gualtiero sentía que las junturas de los dedos crujían como los goznes oxidados de una puerta. No Podre dar masaje a los muchachos si me rompes los dedos —chillo de dolor. El abogado parecía un niño, con esa cofia de lana en la cabeza, la camiseta a rayas azules y blancas y los calcetines caídos.

Sukia le dio otro vergajazo que le dejó una estría roja en el trasero. Sukia se sentó con las piernas abiertas en la silla de la secretaria. Ahora sólo llevaba puesto un corsé antiguo de encaje, de esos que llevan tropecientos lazos en la espalda. Sus pequeñas tetas aplastadas por el corsé. Tenía los pendejos rasurados y dos sinuosas serpientes tatuadas le bajaban de las caderas para abrevar en la vagina.

Rinaldi no esperó a que se lo dijera dos veces. Corrió a la pequeña cocina y en un santiamén estuvo de vuelta con una gran fuente de ostras abiertas rodeadas de gajos de limón. Rinaldi empezó a sacar los moluscos de sus conchas y a ponérselos entre los dedos. Eran animales gordos y viscosos, y su baba transparente se escurría por la planta y el dorso de los pies de Sukia. El abogado daba grititos de placer mientras realizaba la delicada operación.

Pequeños pero no demasiado. Con la planta curva. Los dedos flacos y nervudos, un poco separados entre sí. Y las uñas cuidadas y pintadas de rojo. Cuando terminó, Rinaldi se echó encima con el ansia de un cachorro hambriento que busca el pezón de su madre, pero recibió un latigazo en la lengua. Lo exprimió encima de las ostras a toda prisa, y por fin empezó a chupar la comida ganada con su sudor. Ya habían llegado muchos invitados. Giulia Giovannini se estaba portando como una perfecta ama de casa.

Daba conversación, presentaba a los que no se conocían, ofrecía los canapés. Estaba desenvuelta, pero a veces, cuando estaba segura de que nadie la veía, se ponía una mano en el pecho, allí, donde tenía la llave, y una sonrisa se ensanchaba en su rostro. Al Basura toda esa historia de ponerse elegantes le parecía una perfecta gilipollez.

Le tiraba en los hombros y cuando se inclinaba sentía que le estallaban los pantalones. Aun esta saliendo la gente Espera un poco —contestó el Moñigo, sentado en el asiento del conductor. También él llevaba esmoquin, sólo que blanco. Podríamos entrar y afanar los bolsos, las carteras, los adornos No quiero empezar el año en el trullo Daremos el golpe y luego derechitos a casa —dijo el Basura.

Ese Pendientes era demasiado joven y había visto demasiadas películas de Roger Moore. Había sido suya la genial idea de ponerse esmoquin para no llamar la atención. De los que abren la puerta a patadas, entran y se llevan todo lo que pueden, incluyendo, cuando es posible, el lavavajillas y la tostadora de pan. No vayamos a encontrarnos con alguna sorpresa Dentro había un salchichón con lentejas que le había preparado su mujer Inés.

Cogió una rodaja de salchichón y estaba a punto de metérsela en la boca cuando se le escurrió de los dedos y fue a parar justo en el centro de la camisa inmaculada. Eran quince en total. Sentados a la mesa. Pelo castaño, corto, con corte de hombre. Una nariz con forma de timón le dividía en dos la cara estrecha.

Un par de gafas redondas y pequeñas le daban un aire de feminista teutona. Enzo se sentía bien. Se dio cuenta de que tal vez había exagerado con la intimidad. Se volvió para ver la cara de Giulia, pero ella estaba tan pasmada como siempre. La guionista se levantó, alargó el cuello de pava y, usando el colín como la batuta de un director de orquesta, dijo:. Sólo os diré que el punto de partida es la horrible explotación de los animales en el cine Qué decir de los perros.

Todo eso se tiene que acabar. De modo que he escrito un guión sobre Ciro, el perro policía. Un pobre perro policía toxicómano que muere de sobredosis en el aeropuerto de Roma al comerse una estatuilla de Buda hecha con heroína procedente de Tailandia.

Requiere una gran interpretación. El productor, Emilio Spaventa, ha propuesto para el papel de Ciro al cocker de Birillo e il canguro Tommy No sé si tiene la cara adecuada. Pero no lo considero un tema cerrado, me gustaría escribir otro guión sobre otra gran plaga social, el vagabundismo Sukia todavía se excitaba, y ese era el secreto para seguir haciendo su trabajo a lo grande. Cuando el abogado se terminó las ostras le dio unos azotes con la paleta matamoscas. Puede que se ensañara un poco con aquel pobrecillo, pero lanzaba tales mugidos de placer que daba gusto ponerle el culo en carne viva.

El obedeció con la cabeza gacha. Se quitó los vestidos de niño y se acurrucó en el suelo, desnudo como un gusano. Tenía un aspecto horroroso, con esa tripa hinchada, las piernas cortas y peludas, el culo rojo y esa pollita empinada. Cogió el aparato con una mano, rechinó sus dientes blancos y lo enchufó. El abogado escondía la cabeza entre los brazos y lloraba. Con ella no se habla de las chorradas de siempre. Sólo una semana antes habían ido a Saturnia, a los baños.

Como dos amantes apocados. Alargó un pie y tocó la pierna de Deborah, sentada delante de él, y ese furtivo contacto hizo que se sintiera mejor. En efecto, desde hacía diez minutos sentía en las tripas una revolución intestinal.

Un maremoto en el océano Pacífico. Unos calambres le atravesaban el aparato digestivo, y sentía la necesidad imperiosa de ir al baño. Se levantó, tratando de dar una impresión relajada. Como si tuviera que ir a llamar por teléfono. Pero en cuanto dobló la puerta del comedor salió disparado hacia el retrete como un velocista de cien metros lisos.

Thierry Marchand había intentado hacerse el gracioso. Pero ahora ya no controlaba. El nudo en la garganta había crecido, y le costaba respirar.

Estaba sumido en un pesimismo cósmico, total y oscuro. Que dejaba chico a Leopardi. Empezó a tocar una canción tristísima. Devolvednos el dinero —gritaban los invitados. Thierry, impertérrito, seguía cantando.

Con un canapé de queso y setas pegado a la mejilla. No cantaba para ellos, sino para sí mismo. Los otros, en cambio, reían y charlaban animadamente. Se preguntó si convenía que dijese que había hablado. Que se había ido de la lengua. Que el Mastín de Dios le había sacado con violencia la dirección de la fiesta. No se puede trabajar con gente incompetente, poco profesional —dijo el Pendientes con aire de fastidio.

Basta con que me cierre la chaqueta El Basura y el Moñigo se sujetaban la barriga, doblados por las carcajadas. El Pendientes les fulminó con la mirada y luego, tirando la toalla, puso en evidencia toda su ignorancia:. Probablemente habrían seguido en este plan toda la noche si una patada bien asestada del Basura no hubiese abierto la puerta de par en par.

Vete a cagar, invéntate otra. Esta noche vamos a pasarlo bien. Un bote, dos botes! Todos los hinchas, instalados en el autocar, empezaron a dar botes armando una bulla infernal y repitiendo el estribillo.

Luego, todos a una, aclamaron a su jefe. El Mastín se puso al volante y arrancó entre silbidos y petardazos, seguido de otros dos autocares. Por fin habían llegado al postre. Michele sentía que la emoción le subía por dentro, junto con la ansiedad.

No sabía cómo se lo tomaría su padre al descubrir que se había gastado el dinero que tenía de Navidad en comprar todos esos petardos. Que todos los años millones de personas pierden una mano, un ojo, jugando con esas cosas explosivas. Sus familiares estaban plantados delante del televisor Viendo ese horror de Mara Venier. Michele daba vueltas a su alrededor, como un animal salvaje en cautividad. Tienes que saber esperar.

Cuando llegue el momento saldremos al balcón y lanzaremos unos cohetes El Basura, seguido del Moñigo y el Pendientes, entró en el despacho ojo avizor; y cerraron la puerta tras de sí. Las píldoras desparramadas por el suelo.

El mando a distancia en la mano. Giulia Giovannini seguía sirviendo los platos, llenando los vasos medio vacíos y conversando, usando para ello el cinco por ciento de su cerebro. El otro noventa y cinco por ciento estaba enfrascado en una conversación con mamaíta. No quisiste matricularte en la universidad, como te había dicho. No puedes quejarte si la tabla esa, la sintética esa, te ha robado a tu hombre. Así son las cosas, la vida es mala. Ahora esa pelandrusca te ha quitado a tu hombre.

Fea como el hambre. No sabe recibir a la gente. Tienes que hacérselo pagar. Sobre todo a él. He oído un ruidohhh ahihhh —dijo el abogado Rinaldi, gimiendo. La descubrió y la sacó fuera, a la luz, como un tesoro sumerio enterrado bajo toneladas de tierra.

Ese hombre se había quedado anclado en la fase anal edípica a los tres años de edad y ya no había salido de ella. Por eso le había esposado desnudo al enorme escritorio de caoba, se había montado sobre él y le estaba cagando encima.

El problema era que en ese maldito retrete no había papel higiénico. No podía ponerse los calzoncillos como si nada y salir. Con la mala suerte que tenía, seguro que volvería la luz mientras se trasladaba por el pasillo en esa penosa situación. Le iban a ver todos. Abrió un poco la puerta.

A lo lejos vio un resplandor trémulo procedente del comedor. Oía las risas y el ruido de la gente. Te he traído un fajo de papeles. Puede que estén un poco duros Enzo se volvió a encerrar en el retrete renegando y se limpió como pudo, en las tinieblas, con ese papel rígido y lleno de aristas.

Estaba a punto de salir cuando de pronto volvió la luz. Roberta Palmieri, acostada sobre Davide Razzini, que permanecía rígido e inmóvil, estaba a punto de alcanzar el segundo de los cuatro orgasmos cósmicos. Enzo Di Girolamo estaba sentado a la mesa y temblaba como una hoja.

Fingía comer el redondo, que sabía a poliestireno. No he metido la pata. Dos semanas antes habían ido de compras al supermercado. En el mostrador de los embutidos y quesos Giulia pidió doscientos gramos de jamón de York.

Siempre he comido el jamón envuelto en papel. Ahora llega uno que dice que hay que meterlo en la bandeja de las narices y hala, a llenar el frigorífico Usted lo hace a propósito. Es la cuarta vez. Hasta ahora he sido comprensiva, pero ya me he cabreado Tengo otras cosas en las que pensar. Ni siquiera sé quién es usted. Enzo trató de calmarla pero ella nada, no escuchaba, le gritaba a ese pobrecillo que sólo estaba haciendo su trabajo, y al final cogió la bandeja y se la tiró a la cara.

El dependiente salió del puesto hecho una furia, como un jabalí africano. Para que te trague la tierra. Tenía que avisar a Debby. Era necesario que lo supiera. Que buscaran enseguida una solución. Cuando empezó a llorar en la tarima y a decir que echaba de menos a su mujer y a su hija, le echaron. Ahora Thierry Marchand estaba tumbado en la furgoneta. Todavía llevaba puesto el frac azul de lentejuelas. Estaba terminando la segunda botella de vodka. Los porteros le habían destrozado a Régine.

Yacía a su lado, herida de muerte, con la caja hundida y las cuerdas arrancadas. Con mi mujer y mi hija. Podría trabajar como albañil en una obra. Me ganaría la vida. Puede que mi padre, si se entera de que he sentado cabeza, me ayude a pagar el alquiler de la casa Luego se lo pensó mejor.

Trató de razonar en la medida en que se lo permitía su mente empapada en alcohol. No tengo un céntimo. Pero ahora tengo ganas de llamar a Annette. Todo daba vueltas a su alrededor. Le parecía estar en un tiovivo. A cuatro patas empezó a buscar la caldera que había. Encontró algo debajo de los asientos y las alfombrillas. Pero lo suficiente para una llamada corta. Para felicitarle el año nuevo y decirle que estaba de vuelta.

Abrió la portezuela y bajó. A pesar de que la compañía no era nada del otro mundo, Deborah Imperatore Cordella se lo estaba pasando bien. Sabía que era el astro, en medio de todos. En ese mundo terciario. De empleados de banca. Y todos estaban pendientes de sus labios. De cómo se enamora de una europea. Y de cómo vuelve, ya viejo, a su casa, en Tunicia, para reconciliarse con su mund Estaba hablando del proyecto para una nueva novela.

El joven a quien acababa de conocer, sentado a su lado, la escuchaba, pero ella no lograba concentrarse, exponer la historia como le habría gustado, Enzo no paraba de mirarla, de agitarse, de mandarle mensajes mudos que la distraían.

El abogado Rinaldi nunca se había sentido tan degradado y degenerado como esa nochevieja. Desde su posición, esposado al bufete, veía el trasero y las piernas de su ama. De que había entrado alguien. De pie, junto a la puerta, y le miraban. Y el que estaba esposado decía:.

La primera que rompió el encantamiento fue precisamente la mujer joven. Con un salto felino bajó del escritorio y se vistió en un santiamén. A mí eso no me interesa.

Cojo el dinero que me corresponde y me voy. Ustedes hagan lo que tienen que hacer. Sukia cogió una cartera de la chaqueta azul del abogado y sacó una chequera. La metió en su cartera y luego sacó unas tarjetas de presentación y se las dio a los tres.

Hasta la vista, señores La nochevieja la llevamos dentro. Es un puto examen, y no hay estrategias para afrontarlo, él siempre te la juega. Ya puedes hacer lo que te parezca. Puedes estar en un atolón polinesio, en un monasterio nepalí meditando, en un fiestorro de impresión No hay nada que hacer, en un momento dado de la velada te preguntas: Miras a tu alrededor y ves gente de fiesta, que se divierte, que te pone la mano en el hombro y te dice que te quiere.

Y en cambio mira aquí, no hay nadie. Nada de coñazos, nada Ese imbécil de Scaramella había invitado a todo el fondo norte del estadio del Nola. Se lanzaron en plancha sobre el buffet y lo devoraron.

A Gaetano no le llegaba la camisa al cuerpo. Quería que se lo tragara la tierra. Si encuentro al hijo de su madre de Scaramella juro por la Virgen de Monte Faito que le mato. Con Roma había terminado. Después del papelón que estaba haciendo.

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